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El equilibrio y la
plenitud en la vida, dependen de la capacidad de interactuar
con los constantes movimientos de la energía.
Nuestra energía vital se ve afectada por las
interacciones que continuamente establece con las energías
del entorno.
El concepto tradicional de que la vida está regida
exclusivamente por procesos bioquímicos- mecánicos
se fue derrumbando y en su lugar emergió el nuevo
concepto de lo energético vibratorio. Somos seres
biológicamente adaptados a un medio electromagnético
químico radiactivo. Estamos inmersos en campos
de energía y esa energía ha influido,
desde hace millones de años, en el desarrollo
de todos los aspectos de la vida sobre nuestro planeta,
tanto como el ambiente químico en el que la misma
se ha desarrollado. La existencia de estos campos que
ha comprobado la física, la han percibido todas
las culturas desde la antigüedad. Los indicios
históricos muestran de forma inequívoca,
la importancia otorgada a las energías en la
elección del lugar para habitar. La arquitectura
sagrada se erigía en lo que las mediciones modernas
han determinado como zonas de fuertes alteraciones geomagnéticas.
Pueblo tras pueblo, cultura tras cultura, conocieron
y aprovecharon estas energías, materializando
dicho conocimiento en su arquitectura. Son conocimientos
empíricos que se inician a través de sensitivos
que perciben realidades específicas que les permiten
el acceso a información lógica y coherente
y que luego la experimentación y en muchos casos
la ciencia, corrobora (como sucedió, en otra
área, con el uso de las plantas) o desmiente.
Si bien cada cultura le ha dado
a esta energía una denominación diferente
(para los chinos es el Chi) y hasta la han interpretado
con una connotación filosófico espiritual
propia, todas ellas aluden a un mismo concepto que es
sustento y origen de toda elaboración posterior.
Se entiende que esta energía colma toda la existencia
y define el universo. Es la energía vital, la
fuerza omnipresente de la que dependen las cosas ya
sean animadas o inanimadas, la parte no visible de la
forma y la materia, el conjunto de todas las energías
en vibración del universo sean densas o sutiles
y en ese sentido es también materia prima de
estudio de la física cuántica. Interactúa
con todo, modificándose al pasar a través
de los diferentes paisajes, al penetrar en el interior
de las construcciones y al circular a través
de nuestro cuerpo.
La física nos enseña
que electricidad y magnetismo están estrechamente
vinculados e interactúan constantemente estando
presentes en casi todos los procesos que podamos observar.
Podemos detectarlos en el subsuelo, en las diferentes
capas atmosféricas y también en el interior
del cuerpo humano. El cese de actividad eléctrica
cerebral se considera como el parámetro de la
muerte clínica. A través del cuerpo humano
circulan constantemente minúsculas corrientes
eléctricas ligadas a los influjos nerviosos y
al transporte de información de una neurona a
otra. Dichas corrientes circulan creando débiles
campos magnéticos. El cuerpo electromagnético,
sustento del cuerpo físico, es sensible a las
pulsaciones del campo magnético terrestre, producto
del océano subterráneo de hierro y níquel
del núcleo líquido, que aunque es variable
y estaría diminuyendo según los últimos
estudios científicos, se mantiene más
o menos estable desde hace varios miles de años.
Sus variaciones nos influyen tanto desde el punto de
vista biológico y metabólico, como psicológico,
así como también nos influyen las radiaciones
atmosféricas, solares, cósmicas, los ciclos
naturales, las radiaciones terrestres provocadas por
materiales radiactivos, aguas subterráneas, accidentes
geológicos, o las derivadas de las actividades
del hombre.
El Feng Shui comparte conocimientos
con muchas ciencias y ramas científicas, biología,
medicina, psicología, geología, geobiología,
física, astrofísica, entre otras. Lo que
lo hace difícil de entender para nuestra estructura
de pensamiento, es que alude a un conocimiento empírico
muy antiguo, que parte de una filosofía y una
concepción del mundo milenaria, mucho más
antigua que la brújula, para cuyo entendimiento
tendríamos que reelaborar nuestros propios esquemas.
Esta filosofía interpretó los conocimientos
adquiridos al observar el cosmos, sus ciclos, sus mutaciones,
etc., desde su tiempo y espacio, dando como resultado
una cosmovisión muy ajena a nosotros, la del
Tao, el yin y el yang y el I
Ching. Es una filosofía que concibe un camino
para acceder a una conciencia global más amplia,
a través del cuerpo de energía (particular
concentración de filamentos energéticos)
e integra al hombre, armónicamente, con la naturaleza:
"Desde mi casa viajo a cada rincón del
universo"( Lao Tse)
Por ahora y hasta que finalmente la ciencia encuentre
los instrumentos de medición idóneos,
sólo la experimentación puede registrar
la influencia de ese sutil entorno energético
vibratorio sobre la vida en el planeta y tratar de verificar
ese conocimiento empírico milenario que se expresó,
para hacer entendible la realidad, a través de
metáforas. El que todavía no se halla
encontrado la forma de topografiar los canales energéticos
terrestres mediante mediciones de conductividad eléctrica,
como sí ya se hace con los meridianos corporales,
no significa que no existan. Mientras no fueron visibles
los microbios, no se podía sospechar su existencia.
El no conocer algo no elimina sus efectos positivos
o negativos. Los microscopios nos permitieron ver lo
que no está al alcance de nuestra percepción
ordinaria. "La vida es tan inmensamente grande
y compleja que definirla y estructurarla sólo
con las leyes racionales conocidas, puede resultar demasiado
pretencioso."
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