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"Hay una circulación común, una
respiración común, todas las cosas están
relacionadas" (Hipócrates)
Para muchos estudiosos del medio ambiente y del hábitat
hay algo "nuevo," (nuevo para nosotros, pero
que manejaban en forma empírica antiguas civilizaciones)
algo relacionado con un nuevo concepto vital, el de
lo energético vibratorio. Ese algo es la influencia
que en el ser humano pueden tener, entre otros flujos
y reflujos de energía, las pulsaciones electromagnéticas
terrestres y cósmicas, así como los movimientos
generales de la naturaleza y sus ciclos.
El Feng Shui es una disciplina
milenaria de origen chino que practicaban los antiguos
geomantes taoístas para vivir en armonía
con el entorno. Ha ayudado al pueblo chino a través
de los siglos a diseñar ciudades, construir sus
casas y enterrar a sus muertos. Por ser taoísta
tiene una concepción energética del universo.
Es un sistema de conocimiento que permite discriminar
los lugares favorables para el desarrollo de la vida
y sus actividades, mediante la decodificación
de la realidad energética.
Busca el desarrollo de la vida
en plenitud en la función de habitar y, como
el fenomenólogo, capta en ello "el germen
de la felicidad central, segura, inmediata". "Porque
la casa es nuestro rincón del mundo. Es nuestro
primer universo. Es realmente un cosmos." "La
casa en la vida de un hombre suplanta contingencias,
multiplica sus consejos de continuidad. Sin ella, el
hombre sería un disperso... Antes de ser lanzado
al mundo el hombre es depositado en la cuna de la casa.
Y siempre, en nuestros sueños, la casa es una
gran cuna" (G. Bachelard)
El Feng Shui, junto con otros enfoques del medio
ambiente, puede enriquecer la arquitectura y el diseño
si se interpreta y practica en forma adecuada. Sus conclusiones
tienen incidencia en la resultante formal, porque trabaja
con muchas de las "herramientas" de la Arquitectura,
colores, materiales, formas, etc. Sin embargo, el practicante
de Feng Shui que no es arquitecto y no trabaja
en equipo con uno, puede combinar dichas herramientas
sólo de acuerdo a los diagnósticos obtenidos
de los cálculos específicos de esta disciplina,
sin entender la diferencia entre la necesidad primaria
y el hecho arquitectónico.
El arquitecto debe tomar contacto con estos "nuevos"
enfoques que tanto le competen, e incorporarlos a su
bagaje cognoscitivo para, cuando así le sea solicitado,
tener la idoneidad suficiente como para traducir la
decodificación de los diagnósticos (propios
o ajenos) a un lenguaje coherente, sin restricciones
infundadas en su búsqueda del hecho arquitectónico
y evitando lo que pueden ser verdaderos absurdos formales,
más basados en la superstición que en
los aspectos técnicos de la disciplina.
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